Sobre ” Cabeza Caliente ” y La Literatura Incómoda.

Los bomberos y la tragedia del 11 de Septiembre toman buena parte del argumento de “Cabeza Caliente”.

Luego de terminar “Danza con Dragones”, de G.R.R. Martin, estaba ante un dilema: ¿Qué clase de libro querría leer ahora? Tenía varias cosas en claro: no me iría por otra saga, ni más faltaba, por eso descarte de inmediato la saga de “Fifty Shades”, la de “Pretty Little Liars”  y la extraordinariamente popular “The Hunger Games”, no estaba interesado en leer libros extensos esparcidos en varios tomos. Me tomé un descanso literario con algún cuento de Gabo y hasta pensé en leerme por nonagésima vez “Cien Años de Soledad”, pero entonces me encontré por accidente una reseña de “Cabeza Caliente” adjunta a la de “Fifty Shades”.

Para leer “Cabeza Caliente” primero que todo hay que quitarse de la cabeza todas las telarañas, prejuicios y tonterías. Sí, es una novela de romance homosexual, pero en un mundo que vio, lloró y casi le da un Oscar a “Brokeback Mountain” parecería muy retrógrado decidir no leer una novela sencillamente por su temática.

Lo primero que me agradó de “Cabeza Caliente” y que me orilló a leerla fue su longitud. Obviamente, luego de leer un monstruo como “Danza con Dragones” (mucho más como lo leí yo, combinado con “Festín de Cuervos”)  de casi 80 capítulos tan extensos como una Semana Santa a dieta, leer un libro de 18 cortos capítulos parecía el cambio ideal.

El autor de la obra, Damon Suede, escribe su reducido número de capítulos desde la perspectiva de Griffin Muir, un bombero de Nueva York, sobreviviente de los ataques del 11 de Septiembre. Es casi que refrescante no tener que estar pendiente a 18 perspectivas, y a 30 lineas argumentales como en La Canción de Hielo y Fuego. Pero no deja de ser un poco extraño ver las cosas desde un sólo punto de vista. A mitad del libro casi que se ruega por ver las cosas desde otro ángulo, no sólo el de Griff.

El libro es esencialmente una historia de amor, aunque fuertemente afectada por el tema de Nueva York, su tragedia y por el trauma de los héroes.  El Nueva York que describe Suede es tan vivo, como el de Dominique Lapierre en “El Quinto Jinete”, casi se puede saborear el sancocho cultural de la ciudad, sus puntos buenos, sus puntos malos y sus puntos peores.

Desde el punto de vista del bombero escocés, Suede nos lleva a tantos mundos diferentes, pero tan interrelacionados, que no deja de sorprender la cantidad de información que presenta en tan pocas páginas. Eso da cuenta de un excelente trabajo de edición y de la omisión de detalles sumamente fastidiosos, como si ocurre en las novelas de G.R.R. Martin. Primero el mundo de los bomberos de Nueva York, segundo el mundo de las familias de clase trabajadoras de Brooklyn, el mundo de los bares gay en Manhattan, y finalmente el mundo de la industria de la pornografía en Internet. Todo mientras ocurre la historia de amor entre los dos personajes principales.

Sin dar demasiados adelantos, ni spoilers, puedo decir que estoy un poco decepcionado con el final, esencialmente parece un libro al que le faltara un pedazo, es cierto el libro te embarca en una montaña rusa aproximadamente hasta sus 3/4 partes, y luego viene el descenso hasta la calma.  Los libros por lo general rematan con un segundo conflicto, pero allí es donde este libro se aparta un poco de esa tendencia y no retoma el conflicto sino que entra a un final, quizás demasiado predecible, pero no por eso menos interesante.

El estilo de escritura es rápido e inteligente, aunque no pretende poner al lector a reflexionar sobre la inmortalidad del cangrejo, como Proust, sino sencillamente contar una historia. Un libro fácil de leer y que merece la pena incluir en la lista de pendientes. Y hay que recordar que hay que leer, es el único ejercicio que hace más fuerte nuestras mentes.

PD: Imagino que a estas alturas HBO, Showtime y AMC estarán compitiendo por cuál le da más plata a Suede por los derechos de la novela. Aunque por su corta longitud, “Cabeza Caliente” está que ni mandada a hacer para una película, el mismo estilo argumental de la misma haría inviable su puesta en escena, a menos que fuera profundamente modificada, lo cuál no tendría gracia. Eso sin contar con los numerosos obstáculos y trabas por tal o cual tipo de escena. Pfff. Por otro lado, una serie de televisión por cable daría mucha más amplitud y libertad a los guionistas para convertir la serie “Head” en una realidad en la pantalla chica. Sí, serie, al parecer se vienen más libros para Griffin Muir.

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