El Fantasma de Hugo Chávez.

Traducción libre del artículo “The Ghost of Hugo Chavez” escrito por William J. Dobson para Slate.

Cómo la ideología económicamente desastrosa, pero políticamente efectiva de Hugo Chávez, rondará al país que llevó a la ruina.

Incluso antes de morirse, Hugo Chávez ya se había convertido en un fantasma. Una calma extraña y desconocida se había apoderado de Venezuela por semanas, mientras la gente esperaba escuchar la voz del presidente que había sido parte de su diario vivir por casi 14 años. Chávez le hablaba constantemente a los venezolanos, cada dos días en promedio, en los primeros once años de su mandato. Sus intervenciones, que por lo general eran improvisadas, se extendían por más de dos horas. Si se sumaran todas estas horas, que además las cadenas de radio y televisión estaban obligadas a transmitir, alcanzarían 54 días. Días, completos de 24 horas.

Y fue entonces que llegó el silencio. La última vez que los venezolanos escucharon a su presidente fue el 8 de diciembre de 2012, cuando anunció que retornaría a La Habana para su cuarta operación de tratamiento para una recaída de cáncer. Chávez no retornaría a Venezuela hasta el 18 de Febrero de este año, llegando a escondidas al hospital militar de Caracas a la mitad de la noche (sus consejeros luego admitieron que no podía hablar por causa del tubo que había sido insertado en su traquea para ayudarlo a respirar). Chávez había hecho su camino de regreso a su hogar, pero él nunca regresó en realidad. Estaba presente, pero no era visible. La misteriosa calma sólo se rompió con el anuncio hecho por el Vicepresidente Nicolás Maduro, el Martes por la tarde, que el presidente de 58 años había fallecido.

¿Qué le legó Chávez a sus compatriotas venezolanos? Los hechos son inconfundibles: El rico país sudamericano está en ruinas. Su tasa de inflación, su déficit fiscal y su creciente deuda se encuentra entre las más grandes del mundo. A pesar del incremento en los precios del petroleo, la infraestructura del país está destartalada (las fallas de energía y los apagones son comunes) y es mucho más dependiente de las exportaciones de crudo que cuando Chávez llegó al poder. Venezuela es el único miembro de la OPEC que sufre de escasez de productos de primera necesidad como la harina, la leche y el azúcar. El crimen y la violencia se dispararon durante los años de Chavez. En un fin de semana promedio hay más asesinatos en Caracas, que en Baghdad y Kabul combinados (en 2009 hubo 19133 asesinatos en Venezuela, cuadruplicando los índices de la década anterior). Cuando las espeluznantes estadística no mejoran, el gobierno de Venezuela simplemente dejaba de publicar las cifras.

La ideología política dejada por Chávez, el “Chavismo”, fue un fracaso verificable para el pueblo de Venezuela, pero Chávez nunca falló. A pesar de los pobres resultados de su gobierno, la plataforma política del Comandante aseguró otros seis años en su oficina, con una victoria decisiva de 11 puntos, hace sólo cinco meses. ¿Será Maduro, su sucesor seleccionado, en conjunto con sus compinches, capaces de retomar todo donde Chávez lo dejo?

Sus sucesores estarían en mejores condiciones si Chávez hubiese sido un típico “hombre fuerte” sudamericano. Pero él no fue solamente otro caudillo que llenaba urnas y acorralaba enemigos. Cómo describí en mi libro “La curva de aprendizaje del Dictador”, la regla de Chávez fue mucho más sofisticada que el de los típicos regímenes de mano dura. Cómo muchos líderes autoritarios, Chávez centralizó todos los poderes para su uso personal. Poco después de tomar posesión de su cargo en 1999, ya controlaba cada rama del gobierno, las fuerzas armadas, el banco central, la compañía estatal de petroleo, la mayoría de los medios y cualquier sector productivo que el deseara expropiar. Pero Venezuela nunca experimentó abusos masivos de los derechos humanos. Los disidentes no desaparecían a mitad de la noche, y a pesar de todo el amor que Chávez profesaba por Fidel Castro, su régimen nunca fue tan represivo como el de la dictadura tropical de Castro.

Y a diferencia de Castro y otros autócratas, Chavez no le temía a las elecciones. El las aprovechaba. La mayoría de los líderes de oposición te dirán que las elecciones en Venezuela son relativamente transparentes. El problema no es el Día de las Elecciones, el problema son los otros 364 días. Más que llenar urnas, Chávez entendió que podía manipular el campo de juego, lo suficiente para hacer casi imposible derrotarlo. Fue entonces, que los esquemas de distritación del régimen, mágicamente diseñados, hicieron lucir como juegos de niños a aquellos del sur de los Estados Unidos. Las arcas de campaña de Chávez eran alimentadas por oscuros fondos, respaldados por billones de ganancia petrolera. El dominio mediático del gobierno, ahogaba a la oposición. Los políticos que parecían ser fuertes, sencillamente eran impedidos para aspirar al cargo. Y en el partido de gobierno se volvieron expertos en usar el miedo y la intimidación selectiva para apisonar los votos. Chávez tomó un mensaje populista y lo unió con un esquema autocrático que le permitió consolidarse en el poder. El efecto final de los años de Chávez fue paradójico: con cada elección Venezuela perdía más de su democracia.

Tal como pasó con el “Che” Guevara, la cara de Chávez puede que aparezca en camisetas en las décadas que viene, pero el Chavismo como proyecto político no es posible sin Chávez como fuerza orientadora, en realidad no había una esencia real más allá del hombre. ¿Cuál es su definición? Populismo, socialismo, militarismo, xenofobia, nacionalismo, marxismo, antiamericanismo, lucha de clases, revolución bolivariana, desórdenes, corrupción, colapso financiero… depende de que lado estés. Siempre fue una amalgama, nunca algo puro, claro o fijo. Si tuvo algún poder de permanencia, no fue porque ayudara a Venezuela a construir algo perdurable. De nuevo, el país está en ruinas. Más bien, el Chavismo sólo sirvió para mostrar al hombre que proponía; un hombre cuyos orígenes humildes y personalidad carismática ayudó a forjar una conexión con la pobreza del país, una población que había sido largamente excluida de la política. Un hombre cuyo estilo, voz y métodos eran tan impredecibles que a sus oponentes les tomó más de una década entender a lo que se estaban oponiendo.

La pregunta ahora es “¿Qué sigue?”. De acuerdo con la constitución, el gobierno debería convocar a elecciones dentro de los próximos 30 días. Si eso sucede, el Vicepresidente Maduro se enfrentará a Henrique Capriles, el lider de la oposición que perdió con Chávez el Octubre anterior. A pesar de su derrota en las elecciones, Capriles es un contendor fuerte que ha derrotado dos veces a altos oficiales del gobierno Chávez en elecciones estatales. Aún así, si las elecciones se hacen de acuerdo al calendario, la mezcla de dolor y nostalgia por el líder caído del país le dará la victoria a Maduro.

¿Cómo responderá el Presidente Maduro a las críticas condiciones que heredaría? Cuando Chavez enfrentaba la crítica por una de sus fallas gubernamentales, su carisma y conexión con los votantes permitía que la culpa cayera a los pies de sus ministros (durante los primeros 10 años del gobierno de Chávez, cerca de 200 ministros circularon en su gabinete). Maduro carece del ingenio y de los reflejos del Comandante, incluso puede que no esté principalmente preocupado por mantener a la oposición a raya. Él sabrá que hay muchos políticos de su propio bando que no vacilarían en tomar ventaja de la situación al primer error suyo.

Todo esto se podría traducir en un palacio presidencial inseguro, paranoico y hasta agresivo. De hecho, en la declaración que hizo informado de la muerte de Chávez, Maduro no perdió el tiempo en agarrarse de chivos expiatorios muy extraños y políticamente cargados. “Nosotros no tenemos ninguna duda y llegará el momento indicado en la historia en la que se pueda conformar una comisión para investigar la enfermedad”. dijo Maduro el Martes “Ya tenemos muchas pistas sobre estos. Esto es un asunto muy serio que tendrá que ser investigado por un comité especial de científico”. Maduro también anunció la expulsión de dos agregados militares estadounidenses y acusó a Estados Unidos de tratar de desestabilizar el régimen.

Las palabras combativas, las advertencias de intervención militar estadounidenses y extrañas teorías de conspiración para aumentar la sospecha y la desconfianza, siempre fueron ingredientes básicos de la retórica chavista. El miedo ahora es que esta mezcla de bravuconería e inseguridad pueda mutar de manera impredecible en las manos de cualquiera de los compinches que sucedan a Chavez. En un país polarizado como Venezuela, tener figuras políticas que le digan a sus seguidores que la gente con la que están en desacuerdo son responsables de la muerte de su querido líder, es lo más parecido a arrojar un fósforo encendido a montón de gasolina.

Caracas permaneció en calma el Martes por la noche, pero la calma podría ser fugaz. En los próximos días y semanas, es de esperar que los herederos políticos de Chávez continúen arrancando páginas de su libro de canciones, pero ya nosotros sabemos que ninguno de ellos puede cantar en un tono como el de Chávez.

Las cursivas son mías. 

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