Cosas Que Los Adultos No Podemos Entender

Portada de “Cosas que los adultos no (subrayado) pueden entender.

Así como hoy en día, el adjetivo favorito del resto de la humanidad para referirse a mi es “grosero”, así mismo había uno que utilizaban mucho cuando todavía iba a la escuela primaria y ese era “NECIO”.  Sí, en mayúsculas. Ya a la tierna edad de 5 años había perdido la cuenta de las veces que me habían llamado “pelao necio” y otras combinaciones que incluían el susodicho adjetivo, que en mi tierra no significa imprudente, ignorante o terco, como sería lo lógico asumir, sino algo así como “niño que husmea en las posesiones ajenas“.  Claro está que a mi no me gustaba husmear todas las posesiones ajenas, me gustaba husmear los lugares donde había libros, revistas, cuadernos o cualquier cosa que se pudiera leer. Recuerdo perfectamente que era el terror de mis tíos, puesto que abría cualquier escaparate, baúl, o recipiente que contuviera libros, con la desventaja de que al querer volverlos a poner en su lugar nunca cabían y no se hacía esperar el regaño. Y gracias a esa curiosidad (¿o fascinación?) por los libros apilados, fue que encontré el libro número cuatro que me habría de leer en este 2013,

Estaba sentado, dando vueltas en una silla giratoria, cuando vi una caja llena de libros. No era que no la hubiese visto antes. No sólo eso, sino que también ya la había husmeado con anterioridad, pero ningún libro me había llamado particularmente la atención. Estaba tratando de perder el tiempo mirando los libros, cuando un título llamó mi atención. “Cosas que los adultos no pueden entender”. A primera vista me pareció que sería un estúpido libro de esos que escriben los psicólogos desocupados, donde les dicen a los padres de todo el mundo que castigar a un niño lo puede traumatizar de por vida… pero al leer el reverso del libro, me di cuenta que era una obra de ficción.

Más atraído por el escaso grosor del libro que por el título en particular, me senté a leerlo, muy escéptico a decir verdad. Pero a los cinco minutos, el libro me había atrapado.

Cosas que los adultos no pueden entender” es un libro infantil escrito por el autor mexicano Javier Malpica, pero a diferencia de los disparates y sandeces que se suelen encontrar en los libros dirigidos a los niños, este es uno que fácilmente podría convocar al Opus Dei y a la Santa Inquisición, si no estuviese inactiva,  a una quema general del mismo.

La historia es contada desde la perspectiva de Sara, una niña que vive en alguna ciudad de México y para quien el mundo es una compleja aventura donde a los adultos hay que brindarles una que otra ayuda extra para que pueda resolver sus problemas. Sara es la antítesis de las heroinas infantiles de los cuentos, a pesar de ser hija de padres divorciados, no está traumatizada y vive su vida con gran optimismo manejando las situaciones de su vida con gran creatividad, aunque por lo general con muy poco tacto.  La verdadera aventura para Sara comienza cuando su abuelo le revela a la madre de Sara que va a contraer nupcias con una mujer mucho más joven.  Más interesada en asistir a la boda de su abuelo que en ocasionar una reflexión a su madre, Sara maquina un plan para que su madre no sólo acepte a la nueva novia de su abuelo, sino para que se lleve bien con ella.

Para llevar a cabo sus planes Sara cuenta con la ayuda de su padre, un fanático de Elton John que trabaja como bombero y de su tío, quien tiene una relación de años con otro hombre, a quien la niña conoce y respeta. A partir de estas premisas básicas se desarrollan una serie de situaciones que obligan al lector a reflexionar, sin sentirse regañado, que es lo que en general pasa con los libros polémicos. El libro plantea las situaciones y da diferentes puntos de vista y permite que el lector formule su propio concepto sobre temas tan espinosos.  Sería una excelente manera de que introducir a los niños de edad escolar no sólo en la lectura sino en los temas de tolerancia y valores.

Los libros infantiles permiten cultivar el hábito de lectura en los más pequeños, pero también puede dejar espacio a la reflexión.

La manera en que el libro está escrito recuerda mucho la estructura de dibujos animados como “Aventuras en Pañales” y acompañado de excelentes ilustraciones se convierte en una excelente elección no sólo para niños, sino también para adultos jóvenes y no tan jóvenes. Quien quita que dentro de un tiempo veamos a Sara y su familia en la pantalla chica, o hasta en la grade. Nunca se sabe.

Libro 4/6 para 2013.

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