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Viajes X: Maracaibo, Zulia y 10 Recomendaciones Para Viajar a Venezuela.

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Amanecer en Maracaibo

En mi interminable lista de proyectos sin finalizar, hace un año decidí escribir una reseña sobre mi travesía a Venezuela con el nombre de “Mi Corta Travesía Por Venezuela: Parte 1” con el firme propósito de escribir una segunda parte en lo sucesivo para relatar mis experiencias en el vecino país, pero por alguna razón no pude escribirla, aunque tengo mis serias sospechas.

Algo que he aprendido con mi proyecto de Reseñas X, es que darle un nombre a una columna no sólo agiliza, enfoca y facilita su escritura, sino que además le proporciona una motivación adicional a la hora de enfrentarse a la página en blanco. Con todo esto y el hecho de que tengo varios viajes pendientes que no he reseñado en mi blog, empiezo con Venezuela este nuevo proyecto que titulo “Viajes X”, asumiendo que no han leído ninguna de mis anteriores reseñas sobre viajes.

Hay algunas cosas que debe saber un colombiano antes de que se les ocurra irse a pasar unos días o una temporada al vecino país, algunas ampliamente conocidas por el cubrimiento que hacen los noticieros y otras no tanto:

1) Los colombianos podemos entrar a Venezuela únicamente mostrando el pasaporte… cosas de la UNASUR, que al menos ese bodrio que se inventó Chávez sirva para algo.

2) Pero las cosas no son TAN bonitas como parecen, todos los turistas, viajen por tierra o por aire, deben portar una carta de invitación personal emitida y notariada en Venezuela por un ciudadano venezolano, o de lo contrario, un voucher donde conste la reserva del hotel en Venezuela y hasta el boleto de regreso.

3)… Pero, si usted viaja a una ciudad fronteriza es posible que no le exijan tanta maricada y en cualquier caso siempre podrá sobornar a algunos de los funcionarios del SAIME (inmigración venezolana) para que lo dejen pasar sin ningún problema.

4) El pasaporte se debe sellar primero en Inmigración Colombia, donde (en Paraguachón al menos) hay aire acondicionado, varios funcionarios y la cola es mínima. Luego debe sellar en el SAIME (Inmigración Venezolana) en una cola interminable, donde sólo sella un funcionario. Recuerde que se gana MEDIA hora cuando se cruza la linea fronteriza.

5) La tasa de cambio oficial no existe en la práctica. Es decir, usted debe cambiar los pesos que quiera gastar en Venezuela a Bolívares Fuertes antes de cruzar la frontera, se dará cuenta que el cambio no oficial es muchísimo más favorable y teniendo en cuenta la inflación descomunal de la divisa venezolana parecerá que usted es millonario.

6) Ahora, con tanto billete, asegúrese de ubicarlo estratégicamente en su equipaje o en su ropa interior o en sus zapatos, de tal manera que los funcionarios del SAIME o la policía de carreteras no vean la cantidad que usted lleva. Ahora, en ese mismo orden de ideas, asegúrese de llevar al menos 5000 Bolívares Fuertes en el bolsillo en caso que le toque pagar un soborno. Recuerde que los venezolanos todavía tienen el bolívar viejo en la mente, y por eso a 5000 bolívares, le dice CINCO MILLONES… aunque no alcance para mucho.

7) Trate de viajar entre las 5 de la mañana y las 5 de la tarde, los caminos fronterizos entre Colombia y Venezuela están llenos de vándalos que suelen atracar a altas horas de la noche, a quien se atreva a meterse en esos recovecos.

8) Tenga cuidado con lo que lleva y sobre todo con lo que trae de Venezuela, no querrá quedar metido en un lío de padre y señor mio, por cuenta de un paquete de harina y un pote de alimento para bebé. Así que mucho ojo.

9) En Venezuela todo el mundo tiene carro, debido al hecho de que la gasolina es tan barata que hasta los modelos 1920 que consumen combustible como putas en celo, resultan rentables. Este hecho también significa que todo el mundo maneja enseñado por el papá, el tío, o el abuelo. No se sorprenda de la cantidad de accidentes que vea en el camino.

10) Cuando llegue a una ciudad en Venezuela (al menos en Maracaibo) tiene dos opciones para transportarse, una el transporte público en unos buses que debieron salir de circulación desde los tiempos de Amparo Grisales y que viven atestados de gente… o tomar un taxi, pero ¡Oh sorpresa! allá los taxis no son amarillos, ni blancos… allá son de todos los colores e imposible distinguirlos de los demás salvo por cualquier triste letrero de cartón detrás del parabrisas. Eso sí, allá el taxi es POR PUESTO, no por carrera… a menos que usted esté dispuesto a pagar los cuatro puestos, lo cuál con el cambio que tenemos, lo puede hacer sin ningún problema.

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Camino entre Maicao y Maracaibo.

Luego de dar estas recomendaciones, hablaré un poco del viaje en sí. Maracaibo está a unas once horas de Barranquilla, de las cuales ocho se gastan viajando hasta Maicao, y tres entre los sellos y el viaje a Maracaibo. El paisaje de entrada es bastante menos refinado que la Súper Venezuela que veíamos en las telenovelas de los noventas. La zona de frontera se nota bastante deprimida, incluso en relación con su contraparte colombiano que no es que sea la octava maravilla y se comprende por qué de entre semejantes recovecos sale tanto bandido. El paisaje es desértico, como en toda la Guajira, aunque es bastante notorio que siempre hay viviendas en el camino, o por lo menos hasta la entrada del Río Limón, que es un puente enorme, al que parece que no le hicieran mantenimiento hace lustros.

Con todo y las décadas de bonanza petrolera y luego de revolución chavista, las carreteras en Venezuela no están mejor que en Colombia, la vía desde Paraguachón hasta Maracaibo es de dos carriles, muy pobremente señalizados lo cuál hace que viajar de noche sea un completa pesadilla. El transporte desde Maicao hasta Maracaibo se puede contratar en el terminal, diría yo que por unos 700 Bolívares Fuertes, pero como eso se devalúa cada segundo, quien sabe cuanto costará ya. Por lo que es mejor averiguar.

Maracaibo es una ciudad diferente a las que estamos a acostumbrados en Colombia, primero porque se nota que hubo planeación y en segundo porque está hecha para carros, no para peatones. Es una ciudad enorme, por lo que recorrerla a pie está más que descartado. Además de que corre el riesgo de que se lo coman en una de las esquinas. La comida es parecida en la sazón a la colombiana, pero con otros ingredientes… pero en general es comestible.

Los centros comerciales, son mucho menos impresionantes que los colombianos y las tiendas que no están reguladas por el control de precios, tienden a tener precios similares a los que se encuentran en nuestro país, quizás un poco rebajados. Quizás se sorprenda con el precio de los medicamentos y la comida, pero debe tener mucho cuidado con lo que se atreva a comprar para traer a Colombia. Recuerde que el precio del contrabando es la cárcel. Así sea de una gaseosa.

Otra cosa que debe saber es que en Maracaibo, y hasta donde pude ver en todo Venezuela, no existe eso de atención al cliente. A los negocios les da exactamente lo mismo si usted compra o no, y hasta parece que les molestara que la gente lo haga, tratando mal a los potenciales clientes. Con todo eso, Maracaibo tiene buenos sitios para el turismo, como la zona de El Lago de Maracaibo y la Iglesia de la Chinita, muy popular entre los no residentes. También, si es posible pida un paseo por el Puente que cruza el lago, que es una joya de la construcción en América Latina… también, sino le tiene miedo a los ladrones y a que lo denuncien por contrabando puede explorar el mercado central.

Así mismo la oferta gastronómica es interesante tanto en comidas típicas como en comida chatarra… para todos los gustos. Es en resumen una ciudad que se puede disfrutar si se tiene cuidado y se acatan las recomendaciones. Y lo mejor, está cerca.

NaNoWriMo 2014 o Cómo Escribir Una Novela En 30 Días.

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Luego de cuatro semanas en las que literalmente se vieron afectados mi apetito, mi sueño, mi salud, mis relaciones interpersonales, familiares y laborales, terminando con un nivel de estrés tan alto que hasta hubo días en los que literalmente no podía pararme de la cama, finalmente pude terminar con el reto del Mes Nacional de la Escritura de Novelas (NaNoWriMo), que al igual que todos los años desde 1999, consiste en escribir una novela de al menos 50.000 palabras entre el 1 y el 30 de Noviembre.

Esta es la segunda ocasión en la que participo, luego que en 2011 escribiera mi primera novela, titulada “El Mototaxi”  (disponible en Amazon y en Google Books), una historia que revisité y expandí en el año 2012. Había escrito “El Mototaxi” como una manera de aproximarme a un trabajo de ficción que se desarrollara en mi departamento y en mi ciudad, Sincelejo, desde una perspectiva moderna.  El año pasado, en 2013, me dediqué a escribir mi segunda obra de ficción titulada “El Penúltimo Espejismo” a diferencia de “El Mototaxi”, que fue un experimento relativamente sencillo, El Penúltimo Espejismo fue un trabajo mucho más complicado a nivel de escritura, porque contenía un trasfondo mucho más oscuro, aunque iniciara precisamente como una ficción tipo adolescente, luego se desenvuelve en una historia mucho más densa, que era imposible de escribir en 30 días.

Para este año había decidido que escribiría una novela para NaNoWriMo, sin embargo no estaba seguro de cuál historia debía escribir, por eso el 12 de Octubre, en este mismo blog lancé una encuesta con seis muestras de las seis historias potenciales que escribiría en Noviembre. De lo que estaba seguro era de que quería explorar los géneros. La primera historia era una historia de suspenso;  la segunda de acción y romance; la tercera de romance puro; la cuarta de ciencia ficción, la quinta de Fantasía Medieval y la sexta de Fantasía Moderna.

Los resultados de la encuesta fueron los siguientes:

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Un empate entre la historia 1 y 5, seguido de cerca por la historia 3, que sumado a las respuestas individuales que me dieron vía facebook y whatsapp, declararon como ganadora a la historia número 1, misma que titulé luego “La Fortaleza Rota”.

La Fortaleza Rota (Borrador disponible en este link) es una obra, que al igual que las otras, venía pensando desde hacía mucho tiempo, es interesante ver como cuando inicialmente pienso en las obras son mucho más “rosas” y melodramáticas y en palabras terminan siendo bastante oscuras. Basé la historia en dos tipos de historias, las historias de asesinatos sin resolver, que por lo general se ven en el cine y la televisión estadounidense, y un poco en los melodramas de la televisión latinoamericana, aunque casi sin querer terminé incluyendo una historia completamente local, que se desarrolla en La Mojana colombiana.

La novela aún no está terminada, pero ya he cumplido con las 50.000 palabras iniciales, estoy precisamente trabajando en los últimos capítulos, quizás los más difíciles, pero al menos ahora no tengo el limitante del tiempo para lograrlo. No sobra agradecer a todos los que me ayudaron durante este mes con su apoyo incondicional, su ánimo y sus palabras a alcanzar esta meta, que si bien no fue la de escribir una serie de 12 cuentos, compensa de sobra el objetivo literario que me planteé para este año.

Espero que el próximo año, no sólo yo, sino muchos de ustedes se animen a escribir una novela. Es mucho más de lo que otros pudieran decir.

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¿Cuál de las siguientes historias debo escribir?

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Se acerca el NaNoWriMo (National Novel Writing Month) un evento en el que todos los escritores principiantes como yo tenemos el reto de escribir una novela de mínimo 50.000 palabras en menos de 30 días, y pues en vista de que quiero participar y tengo varias opciones, acudo a todos aquellos que leen mi blog, mi twitter, mi facebook y otras redes sociales a que me echen una mano. Tengo 6 historias, con temáticas diferentes de las cuales aún no he decidido cuál explorar en forma de novela. A continuación les presentaré lo que podría ser los primeros parrafos de cada una de ellas y luego el formulario de encuesta con el que espero me ayuden a escoger la historia. Empecemos:

HISTORIA 1:

La noche era oscura y lluviosa, iluminada apenas con los relámpagos intermitentes que surcaban a esa hora el cielo inclemente de La Mojana. El hombre corría desesperado, sin prestarle atención a la tormenta, salvo por la molestia que representaba avanzar con los zapatos ensopados en medio de la espesa hierba sin desmontar.

“Sólo un poco más” pensó. Sólo necesitaba avanzar un poco más, sólo un poco más y llegaría por fin a la orilla del caño, donde esperaba deshacerse para siempre de su vergüenza, vergüenza que llevaba en ese momento en su brazos, rodeada firmemente con dos cobijas que él mismo se había encargado de doblar. La criatura tenía los ojos cerrados a pesar de el sonido de los truenos y la lluvia; pensó que lo mejor era que estuviera muerta, pero el movimiento armónico golpeando su pecho demostraba lo contrario. La observó un momento. Estaba tibia y despedía un olor suave y agradable, que no coincidía con la vergüenza que su sóla existencia representaba.

Por un momento quiso detenerse, dar la vuelta y cubrir a aquella criatura indefensa con su protección de abuelo amoroso, pero al ver hacia adelante se dio cuenta que era muy tarde. Estaba en la orilla del caño. Era hora de tomar una decisión…

HISTORIA 2:

El lujoso automóvil color negro intenso, se abrió paso a través de la puerta del parqueadero de la clínica. Eran las cinco de la tarde en punto, y Robert observaba muy cuidadosamente comoel vehículo subía la rampa de acceso hasta la avenida y recorría la calle con rumbo hacia el norte de la ciudad. En algún momento de su recorrido, el automóvil tendría que llegar a la esquina y el tomaría su teléfono móvil para dar el aviso final a sus cómplices que se encontraban a un par de cuadras, listos para cumplir el trabajo asignado una vez dada la señal.

Robert seguía el movimiento del vehículo desde la acera del frente, donde tomaba un capuccino sin azucar,en una de las cafeterías más exclusivas del Norte de Bogotá. Estaba impecablemente vestido con un traje de suave algodón negro y una corbata roja de lino italiano. Días después, cuando todos los hechos estaban consumados, y agentes de la Fiscalía llegaran a la cafetería a preguntar a empleados y clientes si habían visto algo fuera de lo normal, ninguno recordó al joven alto, rubio y sofisticado que había tomado asiento en una mesa en la terraza, a pesar de la llovizna tenaz y si lo hubiesen recordado jamás lo hubiesen asociado con los horribles hechos que estaban a punto de tener lugar a unas cuadras de allí…

HISTORIA 3:

Diez meses después, en su lecho de muerte en un frío y oscuro hospital en Andalucía, Arantxa Sanchez-Coartazar recordaría claramente la mañana lluviosa en que vio por primera vez a Cartagena.

Había pasado renegando del viaje durante todo el vuelo, a pesar que su padre, Don Fabricio Sanchez-Coartazar había comprado practicamente toda la primera clase para que su caprichosa hija no tuviera oportunidad de cruzarse con alguno de aquellos “sudacas salvajes”  como solía llamar ella a los individuos provenientes de aquella parte del mundo. Era, por supuesto, un recurso desesperado del magnate para evitar escuchar las constantes quejas de su adorada hija, que desputando los diecisiete años, se había convertido en una muchachita insoportable…

HISTORIA 4:

Era mucho más de media noche cuando Aaron Cinco escuchó los pasos que provenían del pasillo contiguo a la habitación que compartía con otros tres de sus compañeros cadetes.

Una mujer alta y robusta entró lenta y silenciosamente a la habitación y se dirigió inequívocamente a la cama en la que Aaron se encontraba despierto.

-Aaron, despierta ¡ya es hora!

El muchacho fingió dormir. Quería demorar aquel momento lo más que pudiera, porque sabía que justo en el momento en que decidiera dejar de fingir y abrir los ojos, su vida cambiaría para siempre.

Eran las 12:55 de la mañana, del cinco de marzo del tricentésimo nonagésimo cuarto año del Nuevo Calendario , el mismo día en que Aaron Cinco cumplía trece años de edad y pasaría de ser un cadete menor de edad, a un líder adulto, y aunque para la mayoría aquello era motivo de celebración, a él lo llenaba de angustia…

HISTORIA 5:

Las negras noticias provenientes del otro lado del continente ya iban en camino, en el momento en que Kahl Zhatoz, príncipe real de las Tierras Santas De La Cuenca del Azur, despertaba al día en que su padre, Tiahn de la Casa Zhatoz, le otorgaría el noble título de Duque de Frhozkhast, el castillo congelado que dominaba las salvajaes y desoladas tierras del Vasto Norte donde, según había escuchado de boca de los monjes encargados de su instrucción académica, la noche invernal perduraba por meses.

Según Kahl veía las cosas, aquel título que le sería impuesto en unas horas, no era más que una excusa de última hora inventada por su padre para deshacerse de él de una vez por todas y dedicarse por completo a su hermano mayor, para sus futuras labores como rey de La Cuenca, en especial  en las delicadas artes de la diplomacia con los pruebas más allá del Mar Rocoso, con quien la Casa Zhatoz tenía fuertes vínculos familiares…

HISTORIA 6:

La habitación olía a humo, cocaína y alcohol. Preston Davis despertó desnudo rodeado por las suaves piernas de Jenny, la mesera de Mark’s, el pub donde había estado hasta las 3 de la mañana; y por los brazos de Nick, el fornido universitario que había conocido en el mismo lugar y con el que había tomado los tragos servidos por Jenny toda la noche, hasta que alguien (probablemente el mismo Preston) había sugerido que los tres fueran a un lugar más privado.

Ahora se encontraba allí, desnudo y atrapado, terriblemente mareado y con un espantoso dolor de cabeza. Si tan sólo pdiera aspirar un poco estaría bien, sólo un poco y podría dormir. Estaba desesperado. Con todo el cuidado que pudo, apartó los angulosos brazos de Nick y las impolutas piernas de Jenny y se levantó de su cama con rumbo a la sala, donde tal y como lo esperaba, encontró los rastros de polvo sobre la mesa de centro, así como ropa rasgada y charcos de licor por el piso.

Prestón tomó una de las tarjetas disponibles sobre la mesa, probablemente la identificación de Jenny o de Nick, y armó una fina linea blanca sobre la que inclinó la nariz. Aspiró, pero justo de inmediato se dio cuenta que algo andaba mal. Ya no estaba en su casa del norte de Auckland, sino de pie en una calle en una hermosa ciudad primaveral rodeada de colinas. Un muchacho, un niño de no más de quince años, estaba de pie frente a él. Tenía el cabello oscuro y los ojos azul claro.  Sonreía. El muchacho levantó la mano hacía el cielo primaveral y empezó a recitar algo incomprensible. El cielo se cubrió entonces de una oscuridad espesa y justo donde apuntaba el muchacho un anillo de luz incandescente empezó a formarse. Prestón no tuvo tiempo de admirarse porque justo en ese momento una asquerosa criatura voladora salió del anillo de luz, como si estuviera naciendo de la oscuridad. La criatura lo miro con ojos llenos de odio, dispuesta a destruir todo en su caminó. Preston quiso correr, pero una fuerza sobrenatural lo mantenía inmóvil, justo cuando la criatura se dirigió hacia él a toda velocidad, mostrando sus horribles colmillos…

Para Gabriel García Márquez.

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Que pronto te nos fuiste Gabo. Que importa que haya sido a los ochenta y siete, a los noventa y siete o a los ciento siete años; que triste es saber que ya no estás ahí, imaginando esos mundos fantásticos y reales en el que nos hiciste vivir a millones de lectores de todas las edades, nacionalidades y estratos sociales. Era demasiado pronto para acostumbrarnos a la idea de que la muerte diera el zarpazo final y decidiera llevarte para siempre de este mundo tan injusto y arbitrario, pero a la vez tan fantástico y mágico al que le dedicaste cada una de tus palabras.

Nunca me conociste, como tampoco conociste a todos aquellos que inspiraste con tu obra, pero gracias a ti conocí el amor por la literatura, gracias a ti me di cuenta que no hay mayor placer para la mente que abrir un libro y explorar el cosmos inscrito en cada una de sus páginas. Eras ese amigo invisible, ese abuelo imaginario que me leía siempre al salir de clases y antes de dormir, ese maestro que me sacaba de la tristeza y la soledad de mi niñez, para transportarme a otro universo, un universo tan real y tangible como el nuestro, pero donde nada es imposible. Donde una mujer puede morir desangrada por el pinchazo de una rosa, donde pueden llover flores amarillas en medio de un funeral, donde la mujer más hermosa del mundo asciende al cielo en cuerpo y alma, donde se puede encontrar el amor en una hamaca a media noche, en una niña inocente tocada por la desgracia, o en un barco en medio de un río pestilente, luego de 60 años de esperar por él.

Te nos fuiste Gabo y dejaste un vacío enorme en todos tus lectores, en ese niño inquieto que revolviendo gavetas y escalando armarios encontró alguna vez uno de tus libros, y que después de leer la primer página nunca volvió a ser el mismo.

¿Quién soy yo para juzgar tus convicciones? ¿Quién soy yo para reprochar tus ideales? ¿Quién soy yo para criticar las ideas del más grande escritor de la literatura colombiana? ¿Quién soy yo para criticar al hombre que vivió para admirar y disfrutar su cultura? Gabo, naciste en otro tiempo, creciste en otro mundo, te formaste en otra época, tenías una forma distinta de concebir el mundo y sin embargo cada vez que tomo entre mis manos uno de tus libros, o leo como era tu vida cuando tenías mi edad, me doy cuenta que en el fondo no somos tan diferentes. Ambos nacimos con el rumor del mar sobre nuestras cabezas, sintiendo el Caribe en cada gota de sangre; nunca te dejaste engullir por la flema de los Andes y siempre fuiste fiel al lugar donde naciste, recibiendo el más grande galardón en la historia del arte colombiano vestido de guayabera y no de frac.

Cada vez que me animo a recorrer mi Costa Caribe y veo las enormes ciénagas de la Mojana, las construcciones coloniales de Cartagena, las viejas casas estrechas en Sincé, las infinitos campos cultivados de banano en el Magdalena y el sol reflejado en la arena del desierto de la Guajira, veo con mis propios ojos lo que tú viste: un paraíso lleno de belleza, condenado para siempre por las vicisitudes de la historia.

La muerte es infalible, Gabo, pero ten por seguro que tu obra y tus personajes vivirán eternamente en los millones de personas que han leído, leen y leerán tus obras hasta ese día no tan lejano en que un huracán bíblico nos borre para siempre de la faz de la tierra, porque las especies que buscan su propia destrucción no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.

Sin Siquiera Conocerte.

Camino. Camino acompañado intentando prolongar un momento, la compañía de alguien, la sensación de no estar sólo. Es sólo una cita ¿Cuántas he tenido en el último mes? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cuántas en el último año? Intento convencerme que quizás sólo esta vez no estoy  arrojando perlas a los cerdos. ¿Hay un futuro? ¿Una probabilidad? ¿Un número racional que encierra las reacciones bioquímicas que mi sistema nervioso necesita para hacerme sentir feliz? ¿Completo? ¿Dichoso? ¿Cuál es ese número racional? ¿Existe? No puedo prolongar más el momento, es hora de la despedida. Un saludo de agradecimiento, una mirada perdida en la desidia, sin rastro de lujuria, me dice que por mucho que intente convencerme de lo contrario, sólo estoy soñando, de nuevo, como todos los días, como siempre. Una parte de mi se quedó en la velocidad de una curva, con los ojos empapados del rocío de la mañana, mirando hacia adelante. Entonces apareciste tú. El azar, la suerte, las posibilidades matemáticas jugando para mi, aún sin saberlo. Estoy cerca a ti, las seis de la tarde, no nos queda de otra que compartir nuestro espacio. Me hablas, criticas el caos, a los seres anónimos que rompen las reglas escritas y sin escribir… estoy de acuerdo contigo, quiero estar en esta conversación. Sigues hablando, detalles, experiencias, trabajo, escucho atento, puedo identificarme contigo, pero sólo presto atención al mensaje explícito, ignoro el mensaje furtivo detrás de tus palabras. ¿Eres así con todos? ¿Compartes así con todos? ¿O es sólo conmigo? Mis incertidumbres aparecen como libélulas en el aire después de llover. Sigues hablando, ríes, yo río contigo, pero es demasiado tarde, tu estación es la siguiente y yo lo sé. Alarmado intento buscar la manera de volverte a ver, la probabilidad matemática, el número racional que nos vuelva a poner en el mismo espacio, al mismo tiempo, sin presiones, ni plazos, ni obligaciones. Busco la manera, la busco, en serio. Las puertas se abren y te tienes que ir, me dices dos frases que yo, perdido en mis pensamientos, no logro escuchar. ¿Qué dijiste? Nada, una tontería nada más y te ves, tal como llegaste, te vas, para siempre, quizás. De nuevo intento convencerme que hice lo correcto, no miro atrás, sigo y sigo adelante, sin detenerme, pensando en la en la coincidencia, en la conveniencia, en mi cobardía, en la oportunidad ahora perdida en el laberinto sin salida del azar. Ni un teléfono, ni una dirección, ni un nombre. Nada. Ya es tarde. ¿Cuántos segundos fueron? Los suficientes para enamorarme de ti, sin siquiera conocerte.